-¿Estás nerviosa? Parece que te has puesto un poco tensa. No te preocupes, lo más seguro es que solo sea una de esas tantas leyendas que hay por la zona, seguramente estén basadas en estas estatuas, ¿No crees?
-Si, supongo que será eso. -No parecía muy segura al decir eso, en verdad no estaba nada segura de que fuese solo una leyenda, pero no podía hacer nada, ya estaban allí dentro. Tanto la salida como la entrada estaban igual de lejos, así que no tenían escapatoria.
-¿Sabes otro dato curioso de ñas Herbias?
-Ya no tengo nada que perder así que, dime.
-Se dice que cuantas más personas comen más flores tienen. -H parecía ilusionado, como cuando un niño pequeño aprende algo en la escuela y quiere contárselo a todo el mundo.
Ese dato la produjo escalofríos.
-Será mejor que sigamos andando, no te preocupes, no creo que pase nada.
-Ese creo no es muy alentador H.
Tras esta pequeña pausa reanudaron el camino.
El sendero se hacía cada vez más oscuro, los árboles parecían cernirse cada vez más sobre ellos de una forma amenazadora.
Puede que solo fuese por los nervios de la historia, pero este pequeño paraíso parecía cada vez más un pequeño infierno.
A medida que avanzaban el canto de los pájaros fue desapareciendo.
No se escuchaba nada más que el crujir de sus pasos sobre el camino de hierba, que en un principio les había parecido lo más seguro del mundo.
-¿Qué ha sido eso? -Un sonido extraño alteró a F. Su voz sonaba aterrada.
-No te preocupes ¿Cuantas veces te lo tengo que decir? Recuerda que esto es un bosque, puede haber sido cualquier animal.
El sonido cada vez se escuchaba con más nitidez, los nervios estaban a flor de piel.
F quería salir corriendo pero las piernas no le hacían caso y parecían estar decididas a andar con la misma calma de antes.
Cada vez el número de esas extrañas estatuas se multiplicaba.
Algo rozo la pierna de F.
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