"La gente siempre toma el brazo entero cuando solo le tienden la mano, y eso es lo que les pasó.
Tenían la mejor de las tierras.
Era la más fértil, la más productiva, era la más hermosa.
Un paraíso.
Pero los humanos siempre quieren más.
Empezaron a malgastar la naturaleza, a hacerla daño en vez de convivir con ella. Pero la naturaleza es sabia y no quería acabar como el resto de tierras, por ello una noche decidió vengarse.
Todos estaban en sus casas durmiendo, no se oía ningún ruido más que el de algún fuerte ronquido que perturbaba la paz de la noche.
Unas raíces comenzaron a brotar del suelo, deslizándose como ágiles víboras en busca de su presa.
Fueron deslizándose por las casas trepando las camas y envolviendo a los aldeanos.
La naturaleza era sabia, no les mató con sus temibles tentáculos, estrujándolos hasta asfixiarles.
Sabía que si morían más gente como ellos volverían a caer en la vergüenza.
Los hombres murieron ya que su cuerpo no aguanto la supción de las plantas, no hay que olvidar que ellas también tenían que alimentarse.
En cambio con las mujeres pasó algo distinto, nadie se lo explica aún.
Algo en su cuerpo debió hacer que ambos espíritus se fusionasen creando así a las Herbias.
Unos seres con cuerpo deforme de mujer, envueltas completamente por raíces, hojas y flores.
Seguían teniendo conciencia y sufriendo por la eternidad, en el fondo seguían siendo mujeres encerradas, asfixiadas, sin comida, sin bebida, astilladas por las miles de raíces que las rodeaban.
El único alimento del que podían disponer eran la sangre y vitalidad de una persona que pasase por allí.
Podían moverse a duras penas, solían avanzar muy lentamente, pero lo compensaban moviendo sus raíces para capturar a sus presas y arrastrarlos hasta ellas. En tones las raíces las soltaban durante un segundo para abrirse y atrapar entre sus temibles brazos a la presa y a la mujer.
Eso en caso de que fuese un hombre; las mujeres eran convertidas en una más.
Pero solo es una leyenda, ¿No?"
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