lunes, 11 de junio de 2012

8. Única: La leyenda de las Herbias.

Nunca se había visto belleza semejante.
La naturaleza en estado puro.
Árboles de increíbles dimensiones, flores de mil colores por todo el lugar, la hierba más verde que jamás habían contemplado sus ojos.
De fondo una suave melodía del canto de los pájaros y el agua fluir.
F no podía moverse de la entrada. Estaba totalmente petrificada, como hipnotizada por aquel lugar.
Al contrario que les pasó en el campo de flores, aquí el olor era suave y dulzón.
Para nada desagradable.
-Es maravilloso ¿Verdad? -F también parecía estar en las nubes, pero por lo menos podía hablar y parece ser que moverse también.


Daba pequeños pasitos con cautela, parecía que no quería pisar más de lo debido aquella hierba tan pura.
Al rato F empezó a caminar tras él.
Aquel sitio era tan perfecto que daba miedo hasta mirarlo por si de pronto desaparecía.


Todo el suelo estaba cubierto de aquel césped de un verde tan brillante, moteado por pequeñas flores de colores a ambos lados del camino.
No era un camino artificial, lo había creado la naturaleza misma.


Unos cuantos arboles gigantes les cubrían la visión del cielo. No se podía ver más que hojas y hojas, debido a esto la luz era de un color verde amarillento, pero se veía perfectamente.


El sonido del agua cada vez se oía más cercano, así que siguieron andando.
F se fijo en una especie de estatuas formadas por las raíces de los árboles.
Eran muy curiosas porque no se explicaba como podían haberse formado de una forma tan extraña.
Eran de una estatura similar a la suya y parecían tener forma, el caso es que la sonaban de algo, pero no conseguía averiguar de que se trataban.
Aparte de raíces aquellas "estatuas", por llamarlas de alguna forma, estaban adornadas por hojas y flores.
Y también por lo que parecían trozos de tela.
"Supongo que eso también serán flores. Ni que las flores de aquí fuesen normales."
H empezó a acelerar el paso, se le notaba más intranquilo.
Su sonrisa había desaparecido y ya no parecía preocuparse por no pisar aquella hierba.


-¿Te pasa algo? Creo que por una vez deberíamos ir con calma, este sitio es bonito y relajante.


-Otra vez no. -Su cara era preocupante, parecía que iba a salir corriendo de un momento a otro, pero intento recuperar su serenidad habitual. -No te preocupes, es solo que no quiero perder más tiempo.
¿Por cierto, te acuerdas de la leyenda que te conté cuando fuimos a dormir?


-¿Antes de entrar a este jardín? Si, me acuerdo. ¿Como era? ¿La leyenda de las Hierdas? ¿Herbas?...


-Herbias.


H paró en seco.
Sus ojos se abrieron de una forma desmesurada y se dispuso a correr, pero F pudo frenarla a tiempo.


Anoche, aunque en verdad en aquel lugar nunca era de noche, solo que había que llamar al tiempo de alguna forma, antes de entrar por el portón hasta este nuevo lugar decidieron parar a descansar.
Fue entonces cuando H decidió contar una de las leyendas del lugar a F, que parecía no saber nada.


Así se llamaba, la leyenda de las Herbias.



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