Era una sala bastante pobre.
Dos mesas ocupaban la mayor parte del largo de la habitación.
Un par de sillas sin ningún orden a su alrededor.
No parecía un sitio ni muy limpio ni muy agradable.
Al fondo de la estancia un señor, con el mismo aspecto que el resto de los ciudadanos que ya había visto, estaba detrás de una barra.
No había mayor decoración que una lampara plateada colgando del techo, pero era tan pequeña que la luz solo alumbraba con nitidez la zona central, justo donde se habían sentado.
-No estamos en ningún país porque no estamos en tu mundo, no puedo decirte exactamente donde estamos, eso lo irás descubriendo más adelante. -Empezó a hablar sin que a ella la diese tiempo a abrir la boca. -En cuanto a que te ha pasado no estoy muy seguro, es normal que ahora no recuerdes nada, pero lo más seguro es que los recuerdos vuelvan a ti si sigues el camino correcto.
Y nuestra meta es llegar al final de todo esto, no puedo estar seguro de que también sea la tuya, puedes cambiar de opinion, pero no te lo aconsejo, personalmente la idea no me agrada.
Pero para conseguirlo no nos podemos quedar aquí, tendremos que pasar por muchos más sitios hasta llegar.
Era muy extraño oír hablar así a un niño, y a él más, siempre estaba tan alegre, esa seriedad era algo que nunca se imagino en él.
Seguía masticando un trozo de lo que quería pensar que era pan un poco soso y demasiado blando.
-¿Y si no quiero seguir? Estoy cansada, no quiero tener que andar en una buena temporada.
¿Y de que me serviría llegar? Ni siquiera se que pasara, y si no vuelvo a mi vida sería mejor no tener recuerdos. Lo mejor será que me quede aquí, tu puedes hacer lo que quieras, yo no tengo ningún motivo para seguir adelante.
-Vaya, no pensé que te afectaría tan rápido. Pronto serás como ellos, creí que aguantarías algo más que el resto; parece que me equivoqué.- Su expresión ahora era triste, parecía un niño de verdad. -Bueno, no pasa nada, si te conformas con esta vida, supongo que no tengo mucho que hacer. Suerte con tus esperanzas, no dejes que se vayan del todo.
Se levantó lentamente de su asiento y atravesó la puerta. "¿Enserio se va? ¿Y que es eso de mis esperanzas?"
El la calle se había levantado un poco de brisa, y parecía que se pondría a llover de un momento a otro.
Por ningún lado. Había recorrido la mayor parte de callejuelas y H no estaba.
-¡Ah! Perdone, no le había visto. -La dolía el brazo del choque con aquel aldeano de mirada perdida.
Este no le dirigió una palabra, la miro como si solo fuese viento.
Su rostro no mostraba ningún atisbo de sentimiento. Sin embargo esta vez vio algo distinto, en sus ojos no había brillo alguno, estaban tristes, como si hubiesen perdido toda esperanza de felicidad, como si todos sus sueños se hubiesen esfumado y solo viviesen por vivir.
ESPERANZA.
Asustada echó a correr, quería salir de allí lo antes posible.
Vio otra gran puerta, no era como la primera, esta era de color plata, más detallada.
-Parece que ya te has dado cuenta de como funciona esto. -H se encontraba sentado en la rama de un árbol y la miraba con seriedad. -¿Quieres que te cuente algo sobre este pueblo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario