Ya había perdido por completo la noción del tiempo, así que la era imposible saber cuanto tiempo llevaba caminando tras aquel chico.
No habían vuelto a hablar desde que empezaron a caminar y eso era un alivio para ella.
Se conocía el paisaje más que de sobra, parecía que estaban andando en círculos. Todo era idéntico.
Lo único que variaba de vez en cuando era el color del cielo. Naranja como la piel de un melocotón.
Pero no solo eso, antes de llegar a ese color había pasado del azul al rosa, verde y amarillo.
No recordaba que el cielo cambiase tanto de color, pero desde que pasó del rosa al verde ya no la sorprendía.
No había reparado hasta aquel entonces en el chico, tampoco le causaba mayor interés, solo sabía que tenía que seguirlo.
Antes había comprobado que sus ojos eran de un color rojo fulminante, pero no transmitían nada malo, siempre estaban alegres.
Su ropa era ancha, de hecho le quedaba enorme.
Una especie de camisa de un color marrón y rojo algo desteñido; supuso que el marrón en un principio había sido blanco. Y una cantidad de manchas de colores, en especial verde, adornaban aquel atuendo.
Pantalones por debajo de las rodillas de un verde oscuro, atado a la cintura por una cuerda.
Estaba claro que el concepto de la moda no le importaba en absoluto.
Lo más llamativo estaba en sus pies.
Una especie de bolsa atada a su tobillo le servía de zapato. No sabía si aquello sería cómodo, pero no parecía que caminase mal.
Andaba dando pequeños saltitos, siempre alegre. De vez en cuando tarareaba alguna melodía.
Su voz seguía siendo cálida, casi hipnótica.
"¿Cómo puede estar tan feliz?"
Se paró en seco.
-No falta mucho, casi hemos atravesado la colina, no desesperes, pronto sabrás más sobre este sitio.
"¿Colina? ¿Qué colina? siempre hemos ido por un sendero liso ¿Y como sabe que allí nos darán información?
Quería preguntarle todo aquello a ese pequeño desconocido, pero las palabras no querían salir.
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