viernes, 8 de junio de 2012

7. Única: Lo más bello no es siempre lo mejor.

El paisaje fue cambiando a medida que andábamos.
El verde brillante de la hierba empezó a cambiar por un tono más multicolor.
Miles y miles de flores se agolpaban a nuestro paso sin ningún orden aparente.
El olor de las flores lo impregnaba todo.
Seguramente el olor de cada una de esas flores era el más magnífico del mundo. Pero en conjunto el olor era insoportable, nauseabundo.
Tenían un extraño efecto, por una parte creían que se iban a desmayar de tanto aguantar la respiración, pero a la vez ese olor les daba una extraña fuerza para seguir adelante, se sentían más ligeros a cada paso.


-Esto es horrible no lo aguanto más. ¡Ni siquiera sé donde vamos! Por lo menos podrías decírmelo, o aunque sea dime cuanto queda. Como siga así me volveré loca.


-Yo no puedo hacer nada al respecto, las cosas son así, ¿Preferirías haberte quedado en el pueblo Esperanza? De todos modos no creo que falte mucho, anímate, piensa que cuando pasemos esto pensarás que no ha sido nada.


F se quedó callada, no sabía si se refería a que pronto se olvidaría de ello o a que lo que les esperaba más adelante era peor. Prefería no pensarlo y se concentro e seguir adelante.


En todo el camino no volvieron a hablar, eso significaría respirar más aún aquel penetrante olor y no estaba dispuesta a ello.
Tampoco había de que hablar.
F tenía muchas preguntas pero sabía que H no le contestaría con más que evasivas o frases que la darían todavía más que pensar, y en ese momento no podía pensar ni en que hacía.


La última parte del trayecto, F, se centró en los cambios de color del cielo.
Cada vez eran distintos, no parecían seguir un orden, pero eso la relajaba.


Huno un momento en que aquel hedor se hizo aún más intenso, cosa que parecía imposible.
F sentía que sus piernas la empezaban a fallar, de un momento a otro caería  al suelo y tal vez no volvería a levantarse.


Pero tan pronto como apareció se fue.
Parecía increíble, pero ya no olía esa masa intensa de flores.
F se giró para ver el campo multicolor y allí estaba, en cambio el olor había desaparecido.


-Te dije que no sería para tanto, tienes que aprender a confiar más en mí.
El chico se volvió hacía ella con una gran sonrisa en la boca, parecía su hermano pequeño.


En verdad ella no sabía siquiera si en su otra vida, o lo que fuese de lo que no se acordaba, tenía un hermano.
Pero lo tuviese o no, esa idea la reconfortaba.


-Gracias. -Susurro. Su voz no daba para más.


-No tienes nada que agradecerme, no te preocupes la próxima aldea esta cerca.


Y así fue como de la nada un gran portón surgió ante ellos.

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